Añorando la tranquilidad

Hoy es la primera noche que no dormiremos en Ombravella. Mientras escucho el ruido de los coches y de las gentes al pasar, cierro los ojos, y, por un momento, intento imaginarme allí; disfrutando de su silencio, de su calma, y del lento paseo de las estrellas que un amigo me ha querido enseñar.

Mañana echaré de menos la bienvenida de Back al salir de casa, el suave susurro de Jose a Boira y Malasia mientras las cuida, y la afable acogida con la que Olga nos recompensa al caer la tarde.

Sé que no soy el único que os echará en falta… Roseta, Paula y Alex, también lo harán.

Así que no queremos decir un adiós, sino, sólo, un hasta luego…

Mil gracias por todo

Juankar